Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
REFLEJO
Estoy aprendiendo a odiar los espejos.
Hace un año, cuando me mudé a esta casa, lo primero que ví al final del pasillo fue un gran espejo empotrado en la pared abarcando todo el panorama, seguido por un cuarto con miles de espejitos pegados a la pared y uno descomunal en el cuarto principal. Al principio pensé "kinky". Pero ahora lo único que pasa por mi cabeza al verme rodeada de tanto reflejo es destruir todo aquello que me muestre día, tras día, el insignificante pedazo de carne en el que se ha convertido mi humano recubrimiento.
Muchos pensarán que solo tengo un problema de auto-estima rayando en lo severo, pero la verdad es que ya me aburrí de verme desmoronar a pedacitos. Hay cosas que lucen bien bajo el reflejo de un espejo, cosas que vale la pena pasar la vista un rato; pero eso yo no lo obteno de mirarme en un espejo.
Verán, es como estar viviendo en un pellejo que uno sabe que no es el propio. Como utilizar ropa interior de otra persona; solo que cuando está última situación ocurre, lo primero que uno hace al darse cuenta del incidente es cambiarse de prenda y problema resuelto. El inconveniente del cuerpo es que la piel, rara vez tiende a despegarse del alma para cambiar lugares.
Quisiera hacer un concentrado de mi; extraído de distintas épocas de mi vida. Lo quiero sacar para de una vez ver en un frasquito algo con mi pura escencia, algo que de verdad me muestre quien soy y no quien me quieren hacer creer que soy. ´
Ya no confío en los espejos, suelen ser más traicioneros que la misma verdad.
Una noche en mi ciudad
Todo turista que visita Morelia los fines de semana, tiene como premio un espectáculo otorgado por el H. Ayuntamiento de ésta, mi bella ciudad. Consta de un espectáculo al anochecer en pleno centro histórico donde, por intérvalos, se ilumina la catedral acompañada de música y fuegos artificiales. Esta medio snob la cosa pero es asi. Los que quieran vivirlo, hagan cita los fines de semana a eso de las 20:30 horas.
Uno que otro sábado me gusta ir al centro histórico a contemplar todo éste show. A veces me encuentro a contra-calle de la entrada principal, y otras veces en la plaza Melchor Ocampo debajo de un árbol. A diferencia de toda la gente que tiene su cabeza vuelta al cielo y gritando "Whoaa" cada vez que explotan luces de colores... yo me encuentro admirando sus estupidas caras y observando como todo mundo saca el celular para tomar la foto del recuerdo.
Si, he aprendido a odiar todo este espectáculo.
Pero odiarlo de tal manera que cada vez que los cañones truenan me atacan las ganas de agarrarme a madrazos a cualquiera que se deje. Reconozco que es un lujo atrapa-turistas bien empleado por las autoridades, pero eso no deja que odie todo lo que pasa a mi alrededor mientras toda esa acción ocurre.
El problema, esta bien atorado en mis anteriores vivencias. <br>Mientras que la mayoría de la gente normal, ama los fuegos artificiales por que simbolizan fiesta, alegría y momentos memorables, yo los tomo como sinónimos de malas noticias y feas experiencias. Lo curioso es que cada vez que estoy en un show de pirotecnia, estoy en medio de un problema. Siempre. De hecho, la mayor parte de esas malas vivencias se desarrolla aqui mismo, en mi ciudad natal, en medio del bulto de gente mirando hacia el millar de luces que se descomponen de un estallido mientras yo, estoy <b>gritandole</b> a todo pumón lo mucho que lo odio, como lo <b>detesto</b>, como quiero que pudra ahi mismo, justo frente a mis ojos para no tener que verlo jamás, para no saber más de él en toda mi vida, para decirle hasta nunca, para gritarle <b>cobarde</b>, para esconderme de él y perderme en medio de toda esa gente sonriente mientras lloro porque de verdad quisiera pasar un instante más junto a él. <br> - ¿Por que lloras?<br> - No, nada... Es que los fuegos artificiales me hacen llorar.<br>
La verdad solo voy para ver si algun día cambio de opinión. Solo él puede hacer que cambie de opinión.
Descubrí...
que me dan miedo los mensajes subliminales.
Pero me dan más miedo quienes los descubren.
Quemando papelitos de hace años
Cuando la inocencia escribe, los corazones se turban.
Cuando el alma corrompida lee su pasada inocencia... se derrumba.
Es por eso que todo esto que escribí, tiene que desaparecer de mis manos. Gritado a los cuatro vientos para que se olvide muy fácil.
Princesa de un castillo en medio de nada.
Palacio de cortinas de agua, frias ventanas de cristal.
La prisión hecha de hielo,
quema la piel y los sentidos.
Mis lagrimas se quiebran al tocar el suelo.
Dejé de sentir frío cuando olvide el calor en tu cuerpo.
Ahora este cobija mi piel,
haciendo que cada poro grite tu nombre.
¿Como es que me acordé de ti?
Comenzó cuando el sol asomó su cara por mi ventana,
asustó mis ojos,
cerró la verdad y destapo los recuerdos.
Te sentí.
tu memoria escocia, quemaba.
Trepaba por la piel, invocaba tu prescencia.
Me hacia buscarte en la oscuridad,
sabiendo que no estás ahí.
No digo que te extraño.
Porque nunca estuviste más cerca que lejos.
No dire cuanto te quiero.
No quiero ver cristales rodar por mis mejillas,
y estrellarse en la realidad.
16 de Agosto del 2004.


