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Silence Is Sexy

Para mi papá

Se que si ahora mismo me pongo enfrente de ti y trato de decirte tantas cosas, la garganta se me haría como cuando tratas de pasarte una píldora muy grande por una garganta muy seca... no podría decirte nada, ni mucho menos mirarte... me sentiría como uno de esos esclavos que sabe que es su fin porque hizo algo a puesto en descontento a su amo... poderoso y temible. Aparte, tú no te aguantarías verme así y solo me darías los brazos y me dirías las palabras más sabias del mundo... y yo, me odiaría por escuchar la verdad del mundo viniendo de ti. Porque tendrás que saber una cosa papá. Siempre (y digo desde pequeña) te he visto como el ser más inteligente del mundo, todo lo que salía de tu boca era nada más que la verdad; si lo decía mi papá, era porque era definitivo e incuestionable. Lo máximo.

Todavía creo que eres lo máximo. Lo sé porque todavía camino bajo esa sombra... siento que en mis genes está el deseo de ser tan grande como tu, se que estoy a años luz de tu grandeza intelectual, filosófica, kármica y conceptual que trato a pasos agigantados de marcar el paso y dando tropezadas y caídas muy fuertes es como veo que el carácter se me ha hecho. Y viendo como soy en ese sentido es como me voy explicando el porqué de ti. Sé y sospecho que tienes muchos secretos que más que secretos, son las experiencias que te dejaron toda esa sabiduría, pero se también que son lo suficientemente tristes o humillantes como para yo saberlos. Pero lo sé... por alguna razón lo sé.

Me duele saber que hice con mis caminos un enredo de lo peor. Tal vez en mi fase adolescente en lugar de hacerme todas esas preguntas que taladran a las demás personas, lo que pasó conmigo fue que todas las respuestas vinieron de jalón y no supe como manejar toda la situación. Supe desde un momento dado que tu y mi madre esperaban mucho de mi, supe que había algo en mi que no tenía expectativas, supe que en mi vida no había tantos logros... supe muchas cosas y el dolor de la realidad era con algo que no podía lidiar. Ojalá hubiera podido.

La mejor lección que he aprendido es que, los que tenemos ideales muy altos, damos el chingadazo en la realidad muy duro cuando vemos que no podemos alcanzar a la perfección. Eso me mató... pero como yo te maté fue peor.

A veces, uno está tan confundido con todo lo que el cerebro dice, el mundo parece hablar otro idioma y las calles parecen estar tan llenas de nadie que el vació es el mejor lugar para vomitar el alma y quedarse al borde del camino, flotando sobre el mismo cuerpo para ver como alguien lo encuentra y se aprovecha de él... no importa, no se siente.

Me duele pensar que te herí. Porque es una de esas heridas que no se curan, no se tapan y no sanan. Al parecer herí la visión que tu tenías de mí... y no sabes cuanto lo siento papá.

Con el tiempo uno piensa que las cosas aparentemente se arreglan, uno aprende a ubicar el rumbo en la vereda que escogió, aprende a verle la gracia a los días sin sol... a sonreír, a tratar de remediar los errores que se puedan. A veces me pongo a pensar que las cosas que hago hoy, más que para darme orgullo a mi, a mi nueva familia, a mi propia hija... todo lo que hago ahora es un intento desesperado de decirte "Mira papá, las cagué... pero ¡mírame como trato de remediar todo, mira como trato de ganarme otra vez tu cariño!, ¿ya viste papá?"

Hace como un mes una maestra me preguntó el porqué decidí hacer dos licenciaturas a la vez. En lugar de responder "porque quiero un mejor futuro", se me salió y dije en tono de broma: "para que mi papá me quiera otra vez". Alguien se río en ese momento conmigo, pero esa es la verdad... hago circo maroma y teatro, por ti. Porque quiero ser una niña otra vez, quiero ser tu niña, la de la risa que no se terminaba, la que siempre te recibía en la puerta con un "¿porqué papi?"... la que se quedaba dormida en tus brazos. La vida se hace menos bonita cuando me doy cuenta que eso no va a suceder otra vez.

Se supone que yo iba a ser la hija de la que te sintieras orgulloso, no importa lo que tu otra hija deshiciera en el mundo, en mí siempre encontrarías consorte y alegría... y papá: me mata saber que ya no lo soy.

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