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Silence Is Sexy

Un día cualquiera

Soy una persona que aprecia los momentos de soledad.

Esa soledad que pega cuando te han dejado sola, indefinidamente sola. En mi caso la soledad empezo desde temprano en la mañana, después de saber que por el resto del día solo tendría de compañía a mi alma y a mis asuntos pendientes.

Pasé por un tránsito del demonio y luego estuve dos horas haciendola de inquisidora en una clase repleta de personas que no sabían nada de mi, ni lo sabrán por que tal vez fue la primera y la última vez que me vean en sus vidas.

Me reencontre con una de las personas a las que me parte el alma verlas de nuevo, solo por el hecho de haber seguido caminos diferentes, las relaciones se estropean.

Caminé. Si señores, aunque hoy en día es rara la persona que en la ciudad recorre grandes distancias con sus propios miembros solo por el mero gusto de hacerlo. Caminé por las calles de mi ciudad; me encanta por que parece que el pavimento me saluda y se alegra de que mis pasos resuenen en su cantera.

De vez en cuando tengo un cigarro perfecto. Esos delgados cánceres que saben diferente una vez que te sientas a ver como la multitud viene y va. Son uno de los momentos en los que la nicotina te hace invisible, calma los nervios, los hace bolita y los manda al cielo hechos humo.

Había mucha gente, asi que me dispuse a atravesar esa masa de personas mientras captaba los pequeños detalles que nos hacen a cada uno particularmente especiales. Niñas con trenzas, una laptop al brazo, conversaciones banales, batas blancas, perforaciones en el labio, volantes rojos y demás.

Tengo la sensación de que el día de ayer fue productivo. Es verdad, no tenía nada interesante que hacer, no hable con nadie importante (de hecho casi no pronuncie palabra) ni me gané la lotería, pero días como ese, no los olvido nunca.

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